Soñando despierto
viernes, 20 de agosto de 2010
lunes, 19 de julio de 2010
Si me dejas
Dices que el tiempo se acaba,
Reconozco que has sufrido,
Y no valen para nada,
Los te quieros escondidos.
Ahora siento que has cambiado,
Con tu amiga la fortuna,
Y en tu almohada has planeado,
Sueños de robar la luna.
Hoy peleas por tus sueños,
Hoy combates la tristeza,
Y yo quiero ser el dueño,
De tu alma si me dejas.
Aun recuerdo cuando hablabas,
De los grises de tu vida,
Y ahora en cambio tus palabras
No se entienden sin la risa.
Sigo siendo el principito,
Sin caballo ni armadura,
Al rescate del destino,
Que me lleva a tu locura.
domingo, 25 de abril de 2010
Prueba de confianza.
Como todos los Jueves anteriores Rafael y José, después de almorzar, se sentaban en la ladera de la pequeña colina que daba sombra al pueblo. Por allí, como si de una serpiente gigante se tratase, se perdía en la lejanía la sinuosa vía del tren de cercanías.
Rafael siempre le decía a su joven amigo que algún día conduciría uno de esos chirriantes trenes y José con una mueca burlésca en el rostro le contestaba lo mismo : Si no conduces bien ni tu bicicleta como vas a conducir bien un tren. Y los dos reían a carcajadas.
Pero aquella tarde Rafael se sentó junto a José, vió pasar el tren y no dijo nada. Se quedaron sentados un buen rato más y Rafael siguió pensativo, mirando al horizonte despejado y jugando a tirar pequeñas piedras ladera abajo.
-¿Qué te pasa Rafa? - Preguntó José rompiendo el incomodo silencio.
- Me siento extraño, José - respondió sin mirarle- Tú sabes que siempre estoy con mis juegos, que en el colegio siempre están llamándome la atención y que mi padre me ha soltado la correa alguna que otra vez...
- ¡ Te lo ganas a pulso ! - interrumpió riéndose José.
-Cállate tontovaina - contestó mientras le soltaba un golpe en el hombro- Lo que quiero decirte es que estoy acostumbrado a que me echen sermones y castigo de todos los colores y el otro día ocurrió una cosa que me ha hecho pensar mucho y por eso estoy aquí tan callado-.
Rafael miró de nuevo al horizonte, se levantó, cogió una pequeña rama y le dijo a su amigo : -Sígueme hasta la vía.
Los dos amigos sorteaban los matorrales y las piedras, se colaron a través del agujero que hicieron un día en la valla que separaba la vía del tren del campo y se sentaron a escasos metros de la misma.
-¿Y qué es lo que pasó?-Preguntó impaciente José.
Rafael cogió aire y contestó.
-Verás, ya sabes que la semana pasada fué mi santo y también sabes que mi familia es muy humilde y no nos podemos permitir comprarnos regalos los unos a los otros como la familia de Miguel.
-¡Qué mimadito está!- Gritó al aire José
-Normal, si se lo dan, él lo coge. Pues verás -prosiguió Rafael- este año mi madre me llamó a su cuarto, tenía entre sus piernas una pequeña caja que yo no había visto en mi vida, dentro tenía algunos anillos de los que se pone los días importantes y otras cosas que no había visto nunca.
Sacó una pequeña cadena, me la puso en la mano y me dijo: Rafaelito, esta cadenita era de tu abuelo, seguro que a él le hubiera gustado que la llevaras, pero ten cuidado con ella, no es de oro pero es muy importante para mi y ahora para ti.
-¡ Enséñamela hombre !- le dijo José con una sonrisa en la cara.
-Ahí esta el problema, hace una semana, en el partido de los domingos de mi calle, cuando terminé y me fui a merendar me di cuenta que la había perdido. No sé si se rompió o que es lo que pasó pero te juro que la busqué hasta por las macetas de las vecinas pero todo fue en vano.
-Al llegar al salón para recoger la merienda-prosiguió Rafael- mi madre se dió cuenta de que me faltaba, aunque yo intenté subirme el cuello de la camiseta para que no se diera cuenta, y me dijo:
-Rafael, ¿ Y la cadena del abuelo?.
-No la encuentro Mamá, te juro que la he buscado por todos lados pero en el partido algún niño la habrá agarrado y se ha partido y perdido por algún lado de la calle.
-Te tocó otro de tus sermones,¿no? jajaja - rió José.
-No, eso es lo que más me hace pensar y lo que me dijo mi madre me dolió más que mil sermones juntos:
-Te dije que era una cadena muy importante para mi y que tuvieras muchisimo cuidado, coge la merienda y vete a tu cuarto, NO CONFIARÉ MÁS EN TI.
-Llevo días pensando en esas palabras: No confiaré más en ti. Y no por el tono en que la dijo ni por sus gestos, mi madre no hizo ningún aspaviento, me lo dijo y se fué, y me he dado cuenta que me ha dolido más que cualquier otra pelea con mi madre, hubiera preferido que se pusiera a gritarme y a jurar en arameo.
-Bueno, fué una pena lo de la cadenita, pero no exageres, ya se le pasará y a ti también- intentó tranquilizar el amigo.
-No, no se me pasará, si el profesor Don Bartolomé me hubiera dicho eso no me hubiera importado pero cuando vi la expresión de mi madre y me dijo esas palabras se me clavaron en el corazón, y no por la cadena, si no porque jamás me había dicho eso una persona a la que quisiera de verdad- concluyó Rafael mirando como a lo lejos se acercaba el tren de las 6-.
-¿Quieres que nos vayamos a casa?- Preguntó José-.
-No, te voy a demostrar lo que digo-contestó Rafael levantándose del suelo.
Rafael se colocó dándole la espalda a la vía del tren, mientras el de las 6 se acercaba a toda prisa.
- Ponte detrás mía- le ordeno Rafael.
Éste con cara extrañada se puso donde su amigo le dijo.
-Cuando pase el tren cerraré los ojos y me tiraré hacia atrás, si me coges caeré en tus brazos, si decides que no, caeré en las vías del tren y ya no tendrás con quien pasear las tardes de los Jueves jajaja-rió Rafael.
-¡ Estás loco Rafa ! ¡¿Por qué haces ésto ?!- Gritó asustado mientras se escuchaba acercarse cada vez más el tren.
El tren de las 6 comenzó a pasar detrás de los dos niños a toda velocidad y haciendo un ruído descomunal. A los segundos de escuchar el tren Rafael se dejo caer hacia atras con los ojos cerrados y José lo agarró con fuerza y lo levantó de nuevo. Rafael abrió los ojos de nuevo y miró hacia su izquierda observando como se alejaba el cercanías de las seis.
-¿Ves ahora porque me dolió tanto lo que me dijo mi madre?-preguntó Rafael.
- ¡No!- contestó todavía asustado José.
-Tu eres mi amigo, pero no uno cualquiera, amigo desde que tengo memoria. Siempre has estado conmigo y eres el único que jamás ha faltado a mi cumpleaños y él único al que mi madre deja quedarse a dormir.- le decía a José agarrándolo del hombro izquierdo- y por eso te quiero, te quiero como amigo como el que nunca me falla ni me falta y por lo tanto confio en ti y eres el único de mis amigos con el que me hubiera tirado de espaldas, y con los ojos cerrados, a una vía del tren mientras pasaba un tren, esperándo a que me agarrara con sus brazos.
-Gracias Rafael- contestó emocionado y sorprendido José.
-Y es por eso que me dolió tanto las palabras de mi madre, cuando una persona que te quiere te dice que no va a confiar en ti es señal de que le has hecho muchisimo daño, de ahí que lleve estos días tan ausente.-sentenció Rafael.
-Pues como amigo tuyo que soy, déjame ayudarte, te invito a lo que quieras en el kiosko de la calle.
Y se perdieron por la ladera de la colina los dos amigos, como si del cercanías de las seis se tratara.
Rafael siempre le decía a su joven amigo que algún día conduciría uno de esos chirriantes trenes y José con una mueca burlésca en el rostro le contestaba lo mismo : Si no conduces bien ni tu bicicleta como vas a conducir bien un tren. Y los dos reían a carcajadas.
Pero aquella tarde Rafael se sentó junto a José, vió pasar el tren y no dijo nada. Se quedaron sentados un buen rato más y Rafael siguió pensativo, mirando al horizonte despejado y jugando a tirar pequeñas piedras ladera abajo.
-¿Qué te pasa Rafa? - Preguntó José rompiendo el incomodo silencio.
- Me siento extraño, José - respondió sin mirarle- Tú sabes que siempre estoy con mis juegos, que en el colegio siempre están llamándome la atención y que mi padre me ha soltado la correa alguna que otra vez...
- ¡ Te lo ganas a pulso ! - interrumpió riéndose José.
-Cállate tontovaina - contestó mientras le soltaba un golpe en el hombro- Lo que quiero decirte es que estoy acostumbrado a que me echen sermones y castigo de todos los colores y el otro día ocurrió una cosa que me ha hecho pensar mucho y por eso estoy aquí tan callado-.
Rafael miró de nuevo al horizonte, se levantó, cogió una pequeña rama y le dijo a su amigo : -Sígueme hasta la vía.
Los dos amigos sorteaban los matorrales y las piedras, se colaron a través del agujero que hicieron un día en la valla que separaba la vía del tren del campo y se sentaron a escasos metros de la misma.
-¿Y qué es lo que pasó?-Preguntó impaciente José.
Rafael cogió aire y contestó.
-Verás, ya sabes que la semana pasada fué mi santo y también sabes que mi familia es muy humilde y no nos podemos permitir comprarnos regalos los unos a los otros como la familia de Miguel.
-¡Qué mimadito está!- Gritó al aire José
-Normal, si se lo dan, él lo coge. Pues verás -prosiguió Rafael- este año mi madre me llamó a su cuarto, tenía entre sus piernas una pequeña caja que yo no había visto en mi vida, dentro tenía algunos anillos de los que se pone los días importantes y otras cosas que no había visto nunca.
Sacó una pequeña cadena, me la puso en la mano y me dijo: Rafaelito, esta cadenita era de tu abuelo, seguro que a él le hubiera gustado que la llevaras, pero ten cuidado con ella, no es de oro pero es muy importante para mi y ahora para ti.
-¡ Enséñamela hombre !- le dijo José con una sonrisa en la cara.
-Ahí esta el problema, hace una semana, en el partido de los domingos de mi calle, cuando terminé y me fui a merendar me di cuenta que la había perdido. No sé si se rompió o que es lo que pasó pero te juro que la busqué hasta por las macetas de las vecinas pero todo fue en vano.
-Al llegar al salón para recoger la merienda-prosiguió Rafael- mi madre se dió cuenta de que me faltaba, aunque yo intenté subirme el cuello de la camiseta para que no se diera cuenta, y me dijo:
-Rafael, ¿ Y la cadena del abuelo?.
-No la encuentro Mamá, te juro que la he buscado por todos lados pero en el partido algún niño la habrá agarrado y se ha partido y perdido por algún lado de la calle.
-Te tocó otro de tus sermones,¿no? jajaja - rió José.
-No, eso es lo que más me hace pensar y lo que me dijo mi madre me dolió más que mil sermones juntos:
-Te dije que era una cadena muy importante para mi y que tuvieras muchisimo cuidado, coge la merienda y vete a tu cuarto, NO CONFIARÉ MÁS EN TI.
-Llevo días pensando en esas palabras: No confiaré más en ti. Y no por el tono en que la dijo ni por sus gestos, mi madre no hizo ningún aspaviento, me lo dijo y se fué, y me he dado cuenta que me ha dolido más que cualquier otra pelea con mi madre, hubiera preferido que se pusiera a gritarme y a jurar en arameo.
-Bueno, fué una pena lo de la cadenita, pero no exageres, ya se le pasará y a ti también- intentó tranquilizar el amigo.
-No, no se me pasará, si el profesor Don Bartolomé me hubiera dicho eso no me hubiera importado pero cuando vi la expresión de mi madre y me dijo esas palabras se me clavaron en el corazón, y no por la cadena, si no porque jamás me había dicho eso una persona a la que quisiera de verdad- concluyó Rafael mirando como a lo lejos se acercaba el tren de las 6-.
-¿Quieres que nos vayamos a casa?- Preguntó José-.
-No, te voy a demostrar lo que digo-contestó Rafael levantándose del suelo.
Rafael se colocó dándole la espalda a la vía del tren, mientras el de las 6 se acercaba a toda prisa.
- Ponte detrás mía- le ordeno Rafael.
Éste con cara extrañada se puso donde su amigo le dijo.
-Cuando pase el tren cerraré los ojos y me tiraré hacia atrás, si me coges caeré en tus brazos, si decides que no, caeré en las vías del tren y ya no tendrás con quien pasear las tardes de los Jueves jajaja-rió Rafael.
-¡ Estás loco Rafa ! ¡¿Por qué haces ésto ?!- Gritó asustado mientras se escuchaba acercarse cada vez más el tren.
El tren de las 6 comenzó a pasar detrás de los dos niños a toda velocidad y haciendo un ruído descomunal. A los segundos de escuchar el tren Rafael se dejo caer hacia atras con los ojos cerrados y José lo agarró con fuerza y lo levantó de nuevo. Rafael abrió los ojos de nuevo y miró hacia su izquierda observando como se alejaba el cercanías de las seis.
-¿Ves ahora porque me dolió tanto lo que me dijo mi madre?-preguntó Rafael.
- ¡No!- contestó todavía asustado José.
-Tu eres mi amigo, pero no uno cualquiera, amigo desde que tengo memoria. Siempre has estado conmigo y eres el único que jamás ha faltado a mi cumpleaños y él único al que mi madre deja quedarse a dormir.- le decía a José agarrándolo del hombro izquierdo- y por eso te quiero, te quiero como amigo como el que nunca me falla ni me falta y por lo tanto confio en ti y eres el único de mis amigos con el que me hubiera tirado de espaldas, y con los ojos cerrados, a una vía del tren mientras pasaba un tren, esperándo a que me agarrara con sus brazos.
-Gracias Rafael- contestó emocionado y sorprendido José.
-Y es por eso que me dolió tanto las palabras de mi madre, cuando una persona que te quiere te dice que no va a confiar en ti es señal de que le has hecho muchisimo daño, de ahí que lleve estos días tan ausente.-sentenció Rafael.
-Pues como amigo tuyo que soy, déjame ayudarte, te invito a lo que quieras en el kiosko de la calle.
Y se perdieron por la ladera de la colina los dos amigos, como si del cercanías de las seis se tratara.
jueves, 11 de marzo de 2010
Le petit chien
martes, 9 de marzo de 2010
Lágrimas de sangre

Y como dijo la madre de Boabdil al verlo llorar, debido a que los Reyes Católicos conquistaron La Alhambra al tenerla desprotegida, resultado de su amor por las fiestas y el ocio : "Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre"
Defender y amar a veces son palabras sinónimas. Llorar de alegría y llorar sangre, sin embargo, no.
lunes, 8 de marzo de 2010
Llora la tierra.

Marcelo buscaba una respuesta en el rostro de todo el mundo que cruzaba bajo su balcón. Las palabras que dijo su padre mientras leía el periódico aún le retumbaban en la cabeza:
- ¡El mundo está loco!.
Él, sin embargo, seguía jugando con sus amigos del parque todos los días, como lo hacía desde que tenía memoria y no entendía a que se refería su padre:
- ¿Seré el loco yo? - se preguntaba- lo más raro que he visto últimamente ha sido que vamos más a menudo a comer a casa de la abuela y que pillé a mamá llorando en el cuarto de baño porque se había dado un golpe en el pie - sentenciaba-.
Hacia días que veía en la tele gente llorando, en la calle y gritando muchisimo. Papá me contó que era gente que se había quedado sin nada y que el sufrimiento y la impotencia les hacía comportarse de esa manera
Yo no quería convertirme en un loco de esos que me explicó papá y aprovechando que él trabajaba por la tarde, aunque antes no lo hacía, quise salir de dudas y explicar mi preocupación a mamá:
- Mamá, ¿ estoy loco?
- ¿Por qué dices eso Marcelo? - respondió sorprendida.
- Es que papá dijo que el mundo estaba loco y yo no quiero convertirme en uno de esos - explico Marcelo apenado.
- ¿Y por qué crees que te vas a convertir en uno de esos locos? - preguntó interesada la madre.
- Verás mamá, papá ya no tiene tiempo para jugar conmigo porque ahora también trabaja por las tardes y cuando llega por la noche no le apetece hacer nada,tú, sin embargo, has dejado de trabajar porque me dijiste que querías jugar más conmigo, pero ahora todo está muy raro, estás muy torpe, te golpeas el pie en el cuarto de baño casi a diario e incluso el bocadillo de chorizo se ha convertido en magdalenas.
La madre comenzó a llorar.
- ¿Estamos locos ya mamá?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)